martes, 1 de septiembre de 2009

Crónica de un nacimiento no anunciado

Fué sorprendente que del vientre que menos llamaba la atención, se asomara aquel que nos cautivó a todas

Una ceremoniosa cesárea fue el inicio. El médico que hacía el corte por encima de la pelvis parecía un zapatero cortando un bloque de caucho. Al ver como la piel se estiraba chiclosamente rebalsandose entre tanta sangre, empezó mi malestar. Una pasadita de gasas húmedas al interior del utero la remató. Asumí que lo más feo habia pasado, pero me equivoqué, pues todo comenzó recién cuando esta terminó.Terminé aquí, en un cuarto de servicios higiénicos que tiene colgado en la puerta, un cartel que dice "solamente internos". Estoy con mareos y nauseas, esperando a Paola, interna y prima mia, que se encargó de vestirme adecuadamente, y darme indicaciones de no tocar nada y limitarme a mirar, preguntar y escribir mientras intervenían a Katia, Rosela y Neysi. Nauseabundo, fue todo desde el principio. Peor aún si la espectadora era una de aquellas personas que creía en los alumbramientos de hollywood, donde tu eres la mami que apareces sentada en la sala de partos junto a tu esposito, quien te lleva florcitas, chocolatitos y te da ánimos, donde las enfermeras son muy buena onda contigo, no hay miedo de que tu bebe
salga morado por la asfixia y todo huele bien, se ve bien y muchísimo color de rosa. Buenos días, escuche por ahí, estas en Chalaquilandia. Era indiscutible lo profesional que eran los médicos, pero asi tambien lo eran sus congeladas reacciones. Peor que un iceberg, su frialdad me habría aniquilado por completo de no haber estado Paola a mi lado, quien con sus comentarios y galletas de vainilla me hacía sentir más cómoda. Finalmente todo se compensó cuando llegó alguien de manera inesperada.

10:00 am. Todo estaba muy pulcro, desde las pinzas, paredes y piso, hasta los uniformes verde agua con blanco. Al centro estaba Katia con nueve meses de embarazo,en una camilla y desnuda por completo, era la próxima mami en acción. Estaba tranquila de la mano de su esposo, el Dr. Merino. Suma concentracion. Nadie hablaba, solo se escuchaba por la radio a Tito Nieves, quien parecia servir de inspiración a todos los presentes, sobretodo al anestesiologo que se preparaba para inyectar en la espalda la anestesia epidural, que se suponía adormecería el estómago durante todo el trabajo de parto. Quizás no me hubiera puesto tan nerviosa si no me hubiera percatado de la semejante aguja punta roma de casi 10 cm de longitud, tanto que sentí el hincón.-"Vivo en un mundo de mentiras, fabricando fantasias"- canta TitoY aunque el Dr. Merino no se siente como el cantante, engañado por su mundo,sino por el contrario el hombre más feliz del hospital Sabogal, la canta con ánimo y agrega: "Mi hijo va a salir bravo. Todo un chalaco". Comenzaron por untarle el yodo povidona, liquido espeso color marrón, que sirve para esterilizar la zona entre piernas y abdomen. Una vez marcada la línea, el ginecólogo obstetra atraviesa la piel chiclosa con el bisturí, cortando capa por capa hasta encontrar el útero. Entre mucha sangre derramada, se encuentra por fin la cabecita del bebe, y a los segundos se escuchó el primer llanto. Ya limpiecito lo colocaron en una máquina con calor artificial para terminar de limpiarlo y tomarle su primera huella digital. A las 10:32am Rodrigo Merino Malpartida ya era parte de este mundo y estaba listo para el primer contacto con la mami quien inmediatamente y aún sin poder moverse, ojeó su peso, escuchó su latir, le dio un besito en la mejilla, y sin más reparos sonrió. Mientras tanto su útero reposaba en la consola listo para ser examinado y devuelto a su lugar. Las dos enfermeras eliminaban los residuos viscosos de la placenta y finalmente el proceso quirúrgico fue sellado, cosiendo el abdomen que quedó marcado para siempre con una pantagruélica cicatriz abdominal.

Luego de haber estado en una fugaz cesárea, fuimos a comprar algo al kiosko que felizmente tenia un par de mesas al aire libre con una vista panorámica de la sala de espera de emergencias. Aprovechamos para descansar un rato mientras le comentaba a Paola que nunca pensé que una cesárea sería así de rápida a lo cual me respondió que normalmente demora un poco
más ya que sólo intervienen dos médicos, pero esta vez habian sido cinco por tratarse de la esposa de uno de ellos. Con mi botella en mano y a punto de darle el primer mordisco a mi galleta, interrumpió una señora desesperada: - "No se cómo decirle a mi papá que mi mamá ya ..." (suspiró)- "¿Murió?"-dijo Paolaella lo afirmó con la cabeza y agregó: "Sufre de Diabetes emotiva. Me da miedo que tambien se me muera él".Sentí pena de solo observarla, y me preparaba para dar algunas palabras de aliento, cuando de pronto Paola me interrumpió
diciendo: - Tranquilícese! si su padre se descompensa, acá lo volvemos a compensar, acuerdese que usted está en un hospital, donde abundan las pastillas. Como si las pastillas pudieran aplacar ese tipo de dolor, pensé. Buenos días, me dijo una voz internamente, estamos en un Hospital. Claro, sirvió para darme cuenta que efectivamente, estábamos ahí, donde atender un parto o anunciar una muerte es pan comido, nada del otro mundo.


Acompañé a Paola a dejar unos informes a la sala de partos naturales. Neysi y Rosela eran las proximas mamis. Al mirarlas me preguntaba que tan incomodo podría ser para una muchacha que no pasaba de los 22, estar en aquel lecho de dolor totalmente desnuda con las piernas abiertas expuestas a no menos de cinco personas extrañas entre hombres y mujeres que se limitan solo a acelerar la salida del pan, perdón, del bebe. Mientras Jessica, otra interna y amiga de Paola, le estimulaba a Neysi el cuello uterino, rebusqué entre las historias y leí: Neysi Shuña Iñape, 20 años, embarazo no planificado y Rosela Marmolejo, 22 años, embarazo no planificado, esta ultima se encontraba ubicada justo al frente de la cama de Neysi, pero nadie le hacía caso porque había entrado horas despues. Estabamos con Neysi, le colocaron el fetoscopio, aparato parecido a un teléfono que sirve para escuchar los latidos del corazón de la bebe, y a pesar que todo iba en orden, ella seguía con la mirada perdida, no respondía nunca cuando le preguntaban algo, solo se retorcía del dolor, y cuando le decían que puje, no lo hacía con ganas, quizás por lo exhausta que estaba. La situación empezó a asustarme, pues a diferencia de la fugaz cesárea, había pasado como media hora y aun nada. - "Es que es mujercita, siempre se hacen esperar más". - dijo Paola mientras le rascaba la pancita para seguir estimulando. Asi pasó media hora más cuando de pronto luz verde a la vista. Todos estaban tan seguros que la bebe de Neysi nacería antes, que no se percataron que Rosela a pesar de haber entrado horas después, ya estaba lista.


Su cuerpo era muy delgado, caderas estrechas, de 1.50 de altura aproximadamente, parecía una niña. La llevaron a la sala de partos, la frotaron con el yodo la zona, y le exigieron que puje con fuerza. Se notaba en su rostro sudoroso que daba lo mejor de sí, era de admirar, con tal fuerza seguramente podía haber cargado un carro, o quizás un camión. Todo había estado bien o al menos eso parecía, pero panzas vemos fetos no sabemos, sobretodo para Rosela, que humildemente vivía en Canta Callao y sin mucho dinero no había seguido un buen tratamiento pre natal como debió.


Jessica estaba sudando de nerviosismo. El parto se había complicado. La bebe se empezó a asomar por abajo, y cuando intentaba sacarla con dificultad, todos menos Rosela observamos que el cordón umbilical la tenia envuelta por el cuello. Estaba morada
de asfixia, y los movimientos se volvieron más rudos por el deseo de querer sacarla rápido. El tiempo seguía corriendo y Jessica peleaba contra el, intentando jalar de la cabeza con cuidado de no lastimar ninguna parte. A las 12:08 todo el cuerpecito salió por fin, no con el ánimo que se esperaba, pero salió. Jessica la cogió de los pies y se la pasó a la enfermera quien rápidamente la colocó en una consola que le daba calor artificial mientras la examinaban. Intenté escuchar
algun comentario del médico con la enfermera, pero nada. Como último recurso intenté descifrar entonces las miradas a ver si expresaban algun tipo de emoción, pero me sentí frustrada, pues parecían totalmente congeladas. Al mirar a la bebe, aun sin nombre completo, supe que todo estaba en orden. Toda angelical, bien linda. Había terminado todo, pero al mismo tiempo
comenzaba. Me sorprendió como Rosela a sus 22 años había sido capaz de soportar lo que soportó, pepero más aun que ese pedazito de vida haya salido de ella. Luego de limpiar todo, Jessica se cambió los guantes ensangrentados y continuó dando paso a la siguiente: Neysi.


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Crónica de un nacimiento no anunciado

Fué sorprendente que del vientre que menos llamaba la atención, se asomara aquel que nos cautivó a todas

Una ceremoniosa cesárea fue el inicio. El médico que hacía el corte por encima de la pelvis parecía un zapatero cortando un bloque de caucho. Al ver como la piel se estiraba chiclosamente rebalsandose entre tanta sangre, empezó mi malestar. Una pasadita de gasas húmedas al interior del utero la remató. Asumí que lo más feo habia pasado, pero me equivoqué, pues todo comenzó recién cuando esta terminó.Terminé aquí, en un cuarto de servicios higiénicos que tiene colgado en la puerta, un cartel que dice "solamente internos". Estoy con mareos y nauseas, esperando a Paola, interna y prima mia, que se encargó de vestirme adecuadamente, y darme indicaciones de no tocar nada y limitarme a mirar, preguntar y escribir mientras intervenían a Katia, Rosela y Neysi. Nauseabundo, fue todo desde el principio. Peor aún si la espectadora era una de aquellas personas que creía en los alumbramientos de hollywood, donde tu eres la mami que apareces sentada en la sala de partos junto a tu esposito, quien te lleva florcitas, chocolatitos y te da ánimos, donde las enfermeras son muy buena onda contigo, no hay miedo de que tu bebe
salga morado por la asfixia y todo huele bien, se ve bien y muchísimo color de rosa. Buenos días, escuche por ahí, estas en Chalaquilandia. Era indiscutible lo profesional que eran los médicos, pero asi tambien lo eran sus congeladas reacciones. Peor que un iceberg, su frialdad me habría aniquilado por completo de no haber estado Paola a mi lado, quien con sus comentarios y galletas de vainilla me hacía sentir más cómoda. Finalmente todo se compensó cuando llegó alguien de manera inesperada.

10:00 am. Todo estaba muy pulcro, desde las pinzas, paredes y piso, hasta los uniformes verde agua con blanco. Al centro estaba Katia con nueve meses de embarazo,en una camilla y desnuda por completo, era la próxima mami en acción. Estaba tranquila de la mano de su esposo, el Dr. Merino. Suma concentracion. Nadie hablaba, solo se escuchaba por la radio a Tito Nieves, quien parecia servir de inspiración a todos los presentes, sobretodo al anestesiologo que se preparaba para inyectar en la espalda la anestesia epidural, que se suponía adormecería el estómago durante todo el trabajo de parto. Quizás no me hubiera puesto tan nerviosa si no me hubiera percatado de la semejante aguja punta roma de casi 10 cm de longitud, tanto que sentí el hincón.-"Vivo en un mundo de mentiras, fabricando fantasias"- canta TitoY aunque el Dr. Merino no se siente como el cantante, engañado por su mundo,sino por el contrario el hombre más feliz del hospital Sabogal, la canta con ánimo y agrega: "Mi hijo va a salir bravo. Todo un chalaco". Comenzaron por untarle el yodo povidona, liquido espeso color marrón, que sirve para esterilizar la zona entre piernas y abdomen. Una vez marcada la línea, el ginecólogo obstetra atraviesa la piel chiclosa con el bisturí, cortando capa por capa hasta encontrar el útero. Entre mucha sangre derramada, se encuentra por fin la cabecita del bebe, y a los segundos se escuchó el primer llanto. Ya limpiecito lo colocaron en una máquina con calor artificial para terminar de limpiarlo y tomarle su primera huella digital. A las 10:32am Rodrigo Merino Malpartida ya era parte de este mundo y estaba listo para el primer contacto con la mami quien inmediatamente y aún sin poder moverse, ojeó su peso, escuchó su latir, le dio un besito en la mejilla, y sin más reparos sonrió. Mientras tanto su útero reposaba en la consola listo para ser examinado y devuelto a su lugar. Las dos enfermeras eliminaban los residuos viscosos de la placenta y finalmente el proceso quirúrgico fue sellado, cosiendo el abdomen que quedó marcado para siempre con una pantagruélica cicatriz abdominal.

Luego de haber estado en una fugaz cesárea, fuimos a comprar algo al kiosko que felizmente tenia un par de mesas al aire libre con una vista panorámica de la sala de espera de emergencias. Aprovechamos para descansar un rato mientras le comentaba a Paola que nunca pensé que una cesárea sería así de rápida a lo cual me respondió que normalmente demora un poco
más ya que sólo intervienen dos médicos, pero esta vez habian sido cinco por tratarse de la esposa de uno de ellos. Con mi botella en mano y a punto de darle el primer mordisco a mi galleta, interrumpió una señora desesperada: - "No se cómo decirle a mi papá que mi mamá ya ..." (suspiró)- "¿Murió?"-dijo Paolaella lo afirmó con la cabeza y agregó: "Sufre de Diabetes emotiva. Me da miedo que tambien se me muera él".Sentí pena de solo observarla, y me preparaba para dar algunas palabras de aliento, cuando de pronto Paola me interrumpió
diciendo: - Tranquilícese! si su padre se descompensa, acá lo volvemos a compensar, acuerdese que usted está en un hospital, donde abundan las pastillas. Como si las pastillas pudieran aplacar ese tipo de dolor, pensé. Buenos días, me dijo una voz internamente, estamos en un Hospital. Claro, sirvió para darme cuenta que efectivamente, estábamos ahí, donde atender un parto o anunciar una muerte es pan comido, nada del otro mundo.


Acompañé a Paola a dejar unos informes a la sala de partos naturales. Neysi y Rosela eran las proximas mamis. Al mirarlas me preguntaba que tan incomodo podría ser para una muchacha que no pasaba de los 22, estar en aquel lecho de dolor totalmente desnuda con las piernas abiertas expuestas a no menos de cinco personas extrañas entre hombres y mujeres que se limitan solo a acelerar la salida del pan, perdón, del bebe. Mientras Jessica, otra interna y amiga de Paola, le estimulaba a Neysi el cuello uterino, rebusqué entre las historias y leí: Neysi Shuña Iñape, 20 años, embarazo no planificado y Rosela Marmolejo, 22 años, embarazo no planificado, esta ultima se encontraba ubicada justo al frente de la cama de Neysi, pero nadie le hacía caso porque había entrado horas despues. Estabamos con Neysi, le colocaron el fetoscopio, aparato parecido a un teléfono que sirve para escuchar los latidos del corazón de la bebe, y a pesar que todo iba en orden, ella seguía con la mirada perdida, no respondía nunca cuando le preguntaban algo, solo se retorcía del dolor, y cuando le decían que puje, no lo hacía con ganas, quizás por lo exhausta que estaba. La situación empezó a asustarme, pues a diferencia de la fugaz cesárea, había pasado como media hora y aun nada. - "Es que es mujercita, siempre se hacen esperar más". - dijo Paola mientras le rascaba la pancita para seguir estimulando. Asi pasó media hora más cuando de pronto luz verde a la vista. Todos estaban tan seguros que la bebe de Neysi nacería antes, que no se percataron que Rosela a pesar de haber entrado horas después, ya estaba lista.


Su cuerpo era muy delgado, caderas estrechas, de 1.50 de altura aproximadamente, parecía una niña. La llevaron a la sala de partos, la frotaron con el yodo la zona, y le exigieron que puje con fuerza. Se notaba en su rostro sudoroso que daba lo mejor de sí, era de admirar, con tal fuerza seguramente podía haber cargado un carro, o quizás un camión. Todo había estado bien o al menos eso parecía, pero panzas vemos fetos no sabemos, sobretodo para Rosela, que humildemente vivía en Canta Callao y sin mucho dinero no había seguido un buen tratamiento pre natal como debió.


Jessica estaba sudando de nerviosismo. El parto se había complicado. La bebe se empezó a asomar por abajo, y cuando intentaba sacarla con dificultad, todos menos Rosela observamos que el cordón umbilical la tenia envuelta por el cuello. Estaba morada
de asfixia, y los movimientos se volvieron más rudos por el deseo de querer sacarla rápido. El tiempo seguía corriendo y Jessica peleaba contra el, intentando jalar de la cabeza con cuidado de no lastimar ninguna parte. A las 12:08 todo el cuerpecito salió por fin, no con el ánimo que se esperaba, pero salió. Jessica la cogió de los pies y se la pasó a la enfermera quien rápidamente la colocó en una consola que le daba calor artificial mientras la examinaban. Intenté escuchar
algun comentario del médico con la enfermera, pero nada. Como último recurso intenté descifrar entonces las miradas a ver si expresaban algun tipo de emoción, pero me sentí frustrada, pues parecían totalmente congeladas. Al mirar a la bebe, aun sin nombre completo, supe que todo estaba en orden. Toda angelical, bien linda. Había terminado todo, pero al mismo tiempo
comenzaba. Me sorprendió como Rosela a sus 22 años había sido capaz de soportar lo que soportó, pepero más aun que ese pedazito de vida haya salido de ella. Luego de limpiar todo, Jessica se cambió los guantes ensangrentados y continuó dando paso a la siguiente: Neysi.